29 de oct. de 2012

Origen del nombre “El Calafate”

La pintoresca localidad sureña es dueña de una rica historia. Punto de paso de muchos viajantes y carreteros, ha testiguado las más variadas anécdotas.
 
El poblado surgió allá por comienzos del siglo XX como un paraje en donde los carreteros se detenían para descansar y dar alimento a los bueyes que tiraban de las carretas. En los largos y solitarios caminos patagónicos, los parajes eran necesarios cada tres leguas ya que era la distancia calculada para una jornada en las carretas tiradas por bueyes. En proximidades del actual territorio de Calafate, la antigua huella se bifurcaba abriendo paso a dos destinos: hacia el norte atravesando el Río La Leona y luego hacia el Lago Viedma, y otro hacia el valle del Lago Argentino, dirigiéndose hacia el bosque. A largo de todos los caminos, proliferaron los parajes y puntos de descansos. Cada uno de los cuáles iban siendo nombrados por los viajantes según características de las zonas es que se ubicaban.
 
Es por ello que la actual ciudad recibió su denominación. En el antiguo paraje, predominaba un arbusto espinoso, de rojos troncos, cuyo fruto no sólo era comestible, sino que además poseía un sabor increíble. Los hombres que por allí transitaron solían referirse a él como “la mata grande”, debido a que proliferaban formando pequeños pero tupidos bosquecillos o comunidades vegetales. Este arbusto, berberis microphylla, es el conocido Calafate; cuya fruta es explotada en recetas de postres y delicias de repostería así como también para hacer dulces. Por este arbusto fue bautizado el paraje y posteriormente el asentamiento como “El Calafate”. Inicialmente en dicho paraje solo había un rancho de adobe, que pertenecía a un comerciante. Pero al abandonar el lugar, dos familias de inmigrantes españoles llegaron y transformaron aquel rancho en un hospedaje y un almacén de ramos generales. El paraje, ahora en manos de las familias Pantín y Freile, comenzó a crecer hasta convertirse en una las postas más populares de los caminos patagónicos, paso forzado de quienes transportaban materias primas como lana de ovejas o cueros de ciervos.
 
Este paraje, ubicado en proximidades del Arroyo Calafate, comenzó a crecer y poblarse paulatinamente hasta convertirse en un asentamiento, de más de 20 familias. El aumento de habitantes llevó al poblado a desarrollar cierta estructura, por lo que comerciantes y productores dispusieron en la llanura baja, próxima a las aguas del Lago Argentino, la planta de lo que posteriormente se convirtió en el Pueblo de El Calafate.
 
Calafate es sinónimo de historia y cultura. Se denominación es ejemplo de una tradición muy arraigada en los argentinos de principio de siglo XX. Quienes visitaron la ciudad y tuvieron la oportunidad de degustar la fruta del Calafate, podrán verificar que el eslogan “quién prueba el Calafate, vuelve”, es real. Quizás el destino de esta villa turística estuvo presente en el origen del nombre Calafate.

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